Lo que aprendimos del primer prototipo del Polo Saint-Andrews
Veintitrés versiones. Tres temporadas. Una sola pieza. Esto es lo que descubrimos por el camino.
Cuando empezamos a diseñar el primer polo de la casa, teníamos una idea fija: queríamos algo entre el polo clásico de los años 30 y la prenda técnica contemporánea. Lo que pensábamos sería un proyecto de tres meses se convirtió en una conversación de casi dos años con nuestros tejedores de Guimarães.
Probamos veintitrés versiones distintas. Algodón pima, algodón macio, mezclas con micromodal, hilaturas de 60/2, de 80/2, de 100/2. El primer fracaso fue evidente: el algodón cien por cien encogía un dos por ciento por lavado, inaceptable para una prenda de este precio.
El error del compactado
La solución vino de un viejo molino familiar del norte de Portugal. Su sistema de compactado en seco — un proceso que hoy casi nadie usa porque ralentiza la producción — estabiliza la fibra sin necesidad de químicos. El polo resultante no encoge. Cae. Respira. Envejece bien.
Hoy ese mismo método sigue siendo el corazón del Saint-Andrews.